La arbitrariedad en la moda


          “La prueba más clara de que la moda es un mero engendro de necesidades sociales, mejor aún de necesidades psicológicas puramente formales, está en que casi nunca podemos descubrir una razón material, estética o de otra índole que explique sus creaciones. Así, por ejemplo, prácticamente se hallan nuestros trajes, en general, adaptados a nuestras necesidades; pero no es posible hallar la menor huella de utilidad en las decisiones con la que moda interviene para darles tal o cual forma: levitas anchas o angostas, peinados agudos o amplios, corbatas negras o multicolores.

William Glackens. En Mouquins. 1905. Instituto de Arte. Chicago.
William Glackens. En Mouquins. 1905. Instituto de Arte. Chicago.

          A veces son de moda cosas tan feas y repelentes, que no parece sino que la moda quisiese hacer gala de su poder mostrando cómo, en su servicio, estamos dispuestos a aceptar lo más horripilante. Precisamente, la arbitrariedad con que una vez ordena lo que es útil, otra lo incomprensible, otra lo estética o prácticamente inocuo, revela su perfecta indiferencia hacia las normas prácticas, racionales, de la vida. Con lo cual nos transfiere a la única clase de motivaciones que restan excluidas las antedichas, a saber: las típicamente sociales. Este índole abstracta, exenta de toda conexión racional que radica en la última esencia de la moda y le presta el «cachet» estético, anejo siempre a la despreocupación por la realidad, se hace patente también en forma histórica.

Par de zapatos poulaine. XV. Museo de Bellas Artes de Boston.
Par de zapatos poulaine. XV. Museo de Bellas Artes de Boston.

          Refiérese a menudo de tiempos pasados que la humorada o el privado menester de una personalidad creó una moda. Así, los zapatos de largo pico que se usaron en la Edad Media se originaron en el deseo de un señor distinguido de hallar para el exceso de su pie una forma de calzado apropiada; el guardainfante surgió de que una alta dama quiso ocultar su embarazo, etc. En  contraposición con este origen personal, la invención de las modas va quedando en nuestro tiempo sometida cada vez más a las altas leyes objetivas de la estructura económica. No aparece aquí o allá un artículo que luego se hace moda. En ciertas ocasiones, hay como la exigencia «a priori» de una nueva moda, y al punto se encuentran inventores e industrias que trabajan exclusivamente a llenar ese hueco.

Juan Bautista Martínez del Mazo. La infanta doña Margarita de Austria. Hacia 1665. Museo Nacional del Prado. Madrid.
Juan Bautista Martínez del Mazo. La infanta doña Margarita de Austria. Hacia 1665. Museo Nacional del Prado. Madrid.

          La relación entre este carácter abstracto de la moda, esa ausencia de motivación concreta, y la organización social objetiva se manifiesta en la indiferencia de la moda, en cuanto forma general de ciertos productos, frente a toda significación determinada de éstos y en su entrega progresiva a estructuras económicas de producción social. La moda es, en su íntima esencia, sobreindividual, y este carácter se imprime también en sus contenidos; la prueba decisiva de ello es que la creación de modas se ha convertido en una profesión pagada y constituye en las grandes empresas un «puesto» tan diferenciado de la personalidad que lo ocupa como cualquier otro empleo objetivo del sujeto que lo sirve. Claro es que la moda puede en ocasiones adoptar contenidos prácticamente justificados; pero en cuanto moda, actúa sólo en la medida que se deja sentir positivamente su independencia de todo otra motivación, del mismo modo que nuestro acto sólo parece plenamente moral cuando no nos mueve a obrar su fin y contenido exteriores, sino exclusivamente la consideración de que es un deber. Por esta razón, el imperio de la moda es más intolerable que en parte alguna en aquellos órdenes donde sólo deben valer criterios sustanciales».

Max Kurzweil. Mujer con vestido amarillo. 1899. Museo de Viena.
Max Kurzweil. Mujer con vestido amarillo. 1899. Museo de Viena.

Georg Simmel. Filosofía de la moda. Ed. Casimiro. Madrid. 2014. pp.37-39.

Georg Simmel: Philosophie der Mode. Ensayo publicado en la revista Moderne Zeitfragen. Berlín. 1905. Versión publicada en Revista de Occidente, núm. 1-2. Madrid. 1923.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Aurora Muñoz Jiménez dice:

    Gracias ,excelente reflexión ,a mi me hace ver que hasta laforma de vestir está de ictada por la estructura económica .un hecho tan simple e importante ,se vuelve tan complicado y controlador.
    Me gustan sus intervenciones.

  2. Bárbara dice:

    Verdaderamente es un asunto que invita a la reflexión. Muchas gracias por su comentario y un cordial saludo.

  3. Rafael dice:

    No hay mayores creadores de moda que quienes se rebelan contra las modas.

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