Categoría: Artículos
El estrado, espacio doméstico de la mujer española
En tiempos no tan lejanos la separación de hombres y mujeres en determinados lugares era un hecho. Sabemos que en la iglesia y en el teatro se sentaban en lugares diferenciados, pero dentro del propio hogar también se daba esta costumbre. La sala de estrado constituyó una parte esencial de la…
Discurso de la verdad
«Si tuviéramos delante la verdad, esta es, no hay otra, la mortaja que hemos de llevar, había de ser vista todos los días por lo menos, con la consideración, que si te acordàras que has de ser cubierto de tierra, y pisado de todos, con facilidad olvidarìas las honras, y…
Testamento del Venerable Siervo de Dios Don Miguel de Mañara
«En el nombre de Dios todopoderoso… delante de cuia alta magestad yo su pobre esclavo estoi escribiendo este mi testamento y postrera voluntad. … Yo Don Miguel Mañara, ceniza y polvo, pecador desdichado, que los mas de mis malogrados días ofendí a la magestad altíssima de Dios mi padre, cuya…
El testamento de Isabel la Católica y otros documentos de la historia de España
Matrimonio de Isabel de Castilla y don Fernando de Aragón. Valladolid, 1469. “Yn Dey nomine. Amen. Manifiesta cosa sea a los que la presente verán en como en la muy noble villa de Valladolid jueves dies e ocho días del mes de octubre año del nasçimiento de nuestro Salvador Ihesuchristo de mil e quatrocientos e…
Las cigarreras de Sevilla
“Para llenar esta cuartilla solo tengo una idea, un recuerdo brevísimo; pero que me llena de triste sensualidad, tan grande y abundante como el perfume que depositan en una alcarraza tres gotas de esencia de las rosas de los califas. Este recuerdo es un cuarto de hora que pasé en la…
El Delfos de Fortuny, una obra de arte
“Aunque no era modisto, consiguió crear el único vestido que se ha ganado un sitio en la historia: el Delfos, un traje casi insustancial de seda plisada que, si se dobla como una madeja de lana, cabe en las cajas más minúsculas. Las mujeres de mundo más exigentes siguen luciéndolo,…
Yo le declaré la guerra al corsé
«Todavía se llevaba corsé. Yo le declaré la guerra. El último representante de esos malditos aparatos se llamaba Gache Sarraute. Cierto es que siempre he visto a las mujeres sin saber qué hacer con sus protuberancias, e inquietándose por disimularlas o repartirlas. Pero el corsé las clasificaba en dos masas…